Si hay culpa no hay abundancia…

Si siembras prosperidad, la recibirás y aquí te decimos cómo sembrarla

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Por María de los Ángeles Suárez del Real

La culpa y el miedo son para mí los peores enemigos de la humanidad. Estas emociones no solo se contraponen a la plenitud, la abundancia y la prosperidad, sino que no pueden coexistir en un individuo ni, mucho menos, en el universo.

Mientras la culpa paraliza y enferma de miedo, la abundancia reconocida principal y comúnmente como la presencia de dinero y bienes materiales implica una energía que se caracteriza por ser creativa, constructiva y dinámica. Por ejemplo, si una persona tiene dinero, pero siente miedo de gastarlo o si lo hace, se culpa, la sensación de armonía y plenitud resultarán inalcanzables.

La incapacidad inconsciente de aceptar que existe una ley universal que permite que los bienes materiales y espirituales circulen nos limita. Este principio universal se encuentra en todas las culturas bajo diferentes nombres como “dar y recibir”, “causa – efecto” o “karma – dharma”, y cuando se estanca, se rompe la dinámica que hace fluir el universo. 

Por mi culpa, por mi culpa

¿De dónde surge esta terrible emoción que no nos deja prosperar y tener una mejor relación con el dinero? La culpa aparece cuando sentimos que rompemos o violamos las reglas culturales, sociales o familiares y normalmente se queda guardada en nuestros inconscientes, pero sale de repente y se ven síntomas como la sensación de carencia, del derecho a prosperar, la desvalorización personal o la idea de no merecer. 

Esta culpa, aunque no lo creas, viene de siglos atrás y queda con el inconsciente tanto personal como colectivo y se manifiesta como la sensación de que no tienes derecho a prosperar, que no mereces más de lo que tienes. ¿Cuál es el camino entonces para quitar ese obstáculo? Lo primero, como en cualquier tema de desarrollo personal, es hacer conciencia de su existencia y comprender su origen. 

La fórmula: INTENCIÓN – ESFUERZO + AGRADECIMIENTO – GRACIA DIVINA = CRECIMIENTO

Cuando nos enfrentamos a una situación en la que la culpa por ser abundantes nos inmoviliza, es importante buscar los orígenes y responsabilizarnos, pero también es necesario hacernos de prácticas nuevas de pensamiento. Una forma de hacerlo es con decretos. En un retiro en la India conocí esta fórmula. 

Ten claridad en tus propósitos o intenciones y haz un proceso personal confiando principalmente en ti, considerándote parte del universo que funciona haciendo circular la energía y agradece. Si tú das, recibirás.Si siembras prosperidad la recibirás. Por eso te invito a hacer este ejercicio. Enlista, por lo menos, diez propósitos para la prosperidad económica, una vez que los tengas, observa si estos buscan satisfacer a alguien más o si pretenden enaltecer el ego. Pregúntate para qué te servirá cada propósito y cómo te hace sentir que se cumpla. 

Recuerda que la naturaleza es próspera y abundante, provee siempre y en nosotros está el tomar y dar, haciendo circular la energía vital.

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Equipo moi.

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