El Factor Figueroa: Placeres culposos

Hice una encuesta para conocer los placeres culpables de mis amigos. Hay cosas muy inocentes y otras súper retorcidas, pero creo que mis pecados son buenísimos.

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Estoy preocupada. Lo que estarán pensando de nosotras en todo el mundo (bueno, al menos en Francia). Seguro creen que las mexicanas vamos por la vida mostrando bubis y calzones por igual, sin ningún recato.

Primero Salma llega a Cannes con los senos fuera de sí y luego Nailea Norvind con un vestido trasparente presumiendo camisetita y chones de viejita con el pubis resaltado. Seguro les funcionó ellook para llamar la atención y están a la vanguardia pero, qué pena. Yo digo que hay cosas, antojos, perversiones y modas que deberías guardarte sólo para ti…¡como los placeres culposos!

Los Guilty Pleasures son esas cosas que no te deberían gustar, pero que te gustan. Esas que haces en privado pero no le dices a nadie, porque te hacen sentir culpable, te da vergüenza confesarlas o te mueres del arrepentimiento.

He aquí la lista de cosas ‘malas’ que me encantan. ¿Cuáles son las suyas? ¿tendremos los mismos placeres ocultos?
Puedo negar que lo hago, pero a escondidas disfruto enormemente tocar el claxon. ¡Dios cuánto-me-gusta-tocar-el-claxon! Amo usarlo por cualquier motivo: para que se mueva el automovilista atarantado, cuando pasa un cortejo de boda, para que mi hijo se asome por el balcón cuando llego a la casa o cuando el tráfico está asqueroso. No saben qué delicia experimentar el “ta ta tatata…ta ta tatata”.

Otra dicha muy íntima que tengo es…hacer pipí en la regadera. Aunque debo confesar que es un placer recién adquirido, o sea, soy una vieja mañosa. Eso sí, muy decente y siempre le pido a mi novio (que es una mega ma-ra-vi-lla ¡Hermoso!) ‘hazte tantito para allá…más…tantito más…ahora voltéate o cierra los ojos..’ y es ahí cuando suelto el chorrito…uf, lo máximo. O sea, tiene que ver más con un trauma de mi niña interna (jajaja) que con una golden shower pues.

También me encanta oír a todo volumen “Móntame” de Bobby Pulido (ya sé, ¡perdón!), cantar “Pamela Chu” a grito pelado o “Copacabana” de Barry Manilow cuando voy sola en mi coche. Si se sube alguien, obvio, cambio de música porque ésas joyas no se comparten con quien sea.

Hay una cosa tremenda que, desde luego, no puedo hablar con nadie pero estoy casi obsesionada con el sexo y los moteles. ¡Me fascinan los hoteles de paso! Y aquí tengo que presumir que me acabo de ganar una tarjeta “rewards” en mi cinco letras favorito. No creo que haya otra mujer que haya aceptado con tanta ilusión esa tarjeta como yo… ¿Alguien? ¿No? Se los dije ¡me siento tan pionera!

Pero sin duda, el máximo “placer culposo” en mi historial son algunos hombres. Esos galanes que sabes que te vas a arrepentir, pero tienen algo que te jala. O de plano, no te gustan ¡pero estas desesperada!

Y como una cosa siempre lleva a la otra, aquí llega el “Rolls Royce” de mis placeres culposos: uno que otro “ex”. ¡Sí! Tiempo después del romance, te los encuentras -o te acuerdas- y dices “Jesús bendito, ¿en qué estaba pensando? ¿te cae que estuve con ése?”. En efecto, ese esperpento te dio placer y su nombre es Mr. Placer Culpable. O llámale “ahí va mi error”. Mi peor fue un tipo que, apreciaciones más apreciaciones menos, es un idiota. O será que estoy ardida porque él se dio el lujo de cortarme ¡a mí! Y todo porque creyó que yo era una ladrona. Una noche perdió sus audífonos y me echó la culpa. ¿En serio? ¡Pero si cuestan 70 pesos en Office Max! Primero me dio risa y luego me súper ofendí porque, por supuesto, no soy ratera ni cleptómana ni nada. ¿Saben dónde estaban? Debajo de sus chones, que estaban tirados por allá. “Tú, eres la ladrona que me robó el corazón, que yo guar-da-ba para ma-ña-a-a-na”. Ay, ya me acordé que también me gustan los discos de Diego Verdaguer…

Bueno, ¡basta de mí! Sepan que hice una pequeña encuesta de pecados gozosos y éstas son algunas respuestas: leer el TVNotas; fumar; comer fritangas; escuchar las oldies de Luis Miguel mientras te bañas; ver reality shows; tener música de ex alumnos de La Academia en tu ipod (¡amoooo a Yahir!); disfrutar los videos de La Tigresa del Oriente y Delfín (“Israel, Israel, qué bonito es Israel”); sacarse la cerrilla con la llave del coche; bailar con enjundia las de Selena (“Baila, baila esta cumbia, mueve, mueve la cintura”); comer huevito cocido con limón en el futbol o en los toros; las películas de la India María; los programas de concursos (“un auuuto” jajaja); las películas de chinos y karatazos (uy, yo idolatro la decoración china, los gatitos que mueven la mano y eso); los programas de chismes; ver porno; atragantarse de chocolates a medianoche; espiar gente en Facebook y comer patitas o pescuezos asados con salsa Valentina.

Merecen mención aparte mi mamá y mi novio, que comen tostadas de pata y cueritos en bolsita –respectivamente- además de que ‘la autora de mis días’ compra sus 200 gramos de ‘chiquita’ donde venden carnitas y se los termina a mordidas. Pian pianito. Ya sabrán, mis hermanos regañándola cuando descubren su secreto placentero ‘¡te vas a morir mamá!, ¡te va a dar un ataque de colesterol!, ¡se te van a tapar las arterias! Como verán, mi locura es heredada, corregida y aumentada.

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