El Factor Figueroa: La última aventura

A mí que me quieran mucho en vida y cuando ya no esté, que me vacíen en algún cómodo inodoro y le jalen.

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Soy muy tenebrosa. A propósito del Día de Muertos, siempre había querido que esparcieran mis cenizas en tres lugares distintos. A saber: Pine Valley, Miami y la Plaza México.

Claro, contado así suena como que soy una futura muerta de pocas aspiraciones, pero eran sitios con especial significado para mí. Digamos que he sido muy feliz ahí y entonces imaginé que sería bueno que algunas partículas mías se mezclaran con el querido paisaje.

Sin mencionar, que me parecía ‘maravilloso’ que mis deudos pudieran ir a llorarme y hacerme homenajes (jajajaja).

Estaba leyendo la recomendación que hizo el Vaticano para que los católicos incinerados, sean depositados –en su urna correspondiente- en un lugar sagrado, en vez de que los avienten en el mar o que los acomoden en la sala junto a los jarrones.

Yo que soy una mujer de fe, sobre todo últimamente, no me atrevo a contradecir al Papa Francisco porque me cae muy bien. Pero, siento que con las nuevas disposiciones están echando por tierra (nunca mejor dicho) mis aspiraciones post-mortem. Ahora ¿qué será de mí?

Eso de las cenizas humanas es muy íntimo ¿no?
Una vez, fui a un entierro donde nos quisieron dar a todos los asistentes un puñito del difunto. Yo, por supuesto, me negué, contesté amablemente que ‘No gracias’ porque me dio cosa. Sinceramente, era muy raro repartirnos a mi malogrado amigo y también como soy tan torpe para las manualidades, no me imaginé haciendo una artesanía con las cenizas ni metiéndolas en una botellita o algo así.

Personalmente, tengo dos urnas en casa, una humana y una perruna. La segunda pertenece a “Lulú”, nuestra mascota por 15 años, que murió el año pasado y hoy reposa arribita de un mueble hindú, atrás de Buda y de un libro de fotos de Frank Sinatra. Ya sé que suena extraño, pero nunca se me ha dado muy bien la decoración de interiores. En mi favor diré que era la mejor opción para mantener cerca de mi hijo a su inseparable perra, a falta de jardín donde enterrarla. Creo que ahorita, anímicamente, ya podríamos separarnos de lo que quedó del perro (espero aprecien mi sinceridad), pero cuando se murió nos costó trabajo ‘soltar’. Como todo: es cuestión de tiempo.

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La otra es de un pequeño y muy cercano ser querido, que nos ha acompañado en 5 cambios de casa. Es que nunca supe decirle ‘adiós’. Así que como la historia del piano, suben las cenizas, bajan las cenizas.

Hasta que un buen día –ponle, mal día- en la última mudanza, entregué las llaves del departamento y cuando estaba a punto de irme, el casero me dijo con la caja gris en la mano y una mueca burlona “¡esto es tuyo!”. Sí, qué triste.

No me juzguen a la ligera, creo que lo anterior, más que un olvido por mala voluntad, refleja mi manera de afrontar las pérdidas: olvidándolas (aunque duelan mucho ¿eh?). Porque si no sigo adelante, también me muero.

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Va a resultar que el Vaticano tiene razón. Y que los muertos deben estar con los muertos y los vivos con los vivos.

¿Saben qué? A la mierda. A mí que me quieran mucho en vida y cuando ya no esté, que me vacíen en algún cómodo inodoro y le jalen. Le quito a mi único heredero la horrible carga de pensar dónde colocar a su santa madre y será una divertida última aventura, descubrir a dónde voy a ir a parar con el remolino.

Además, me parece una reverenda tontería perder el tiempo en pensar qué hacer con tus despojos, en lugar de usar esos minutos para carcajearte o para dar un buen beso. Lo que viene siendo aprovechar la vida, pues.

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7 COMENTARIOS

  1. Hija! Es que no hay manera de no reirme con tu columna! Te lo digo aquí y en twitter y si te encuentro en el tianguis también: eres lo máximo, te amo y quiero ser tu amigo, irnos a tomar un café y platicar de nuestras cosas jajajaja saludotes!

  2. JA JA JA…¡SIEMPRE OCURRENTE! PS QUE CADA QUIEN HAGA CON SU TIERRITA LO QUE MEJOR LE PAREZCA.

    ME HACES REIR Y REIR

  3. Jajajajajaja¡¡¡. A dónde vamos a parar?
    Muy cierto Martha uno pone y a la hora de la hora otros disponen y pues como ya en esos momentos no podemos opinar pues que te digo,además de que para cuando eso ocurra sepa la bola cuales vayan a ser las disposiciones Jajajaja.
    Excelente ,siempre fantástica¡¡¡

  4. Pienso que si tenemos derecho a decidir lo que hacemos con nuestro cuerpo en vida, no hay porque perder ese derecho al morir. Hay que terminar donde se nos antoje, aunque sea el WC Jajajajajaja!!!

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