El Factor Figueroa: Humanos contaminantes

Siempre he querido usar máscara para salir a la calle como los chinos y tal vez ha llegado el momento

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Soy una columnista con calcomanía roja y terminación 3, lo cual significa –en cristiano-que ¡hoy no circulo!
Y si me notan contenta es que me gusta ser positiva y pensar que nuestra ciudad está en manos de profesionales que nos cuidan y que un día entenderemos que todo es por nuestro bien.
Por lo pronto ya hice planes para movilizarme. Iré a trabajar muy temprano en taxi de tarifa alta pero es lo mejor, porque con el nuevo horario todavía es de noche y no me gusta caminar sin luz con maleta y vestuario en mano porque me asaltan. Después me regresaré a mediodía a casa como sea y luego iré a una grabación en el centro, caminando, porque acaban de poner en ésa calle el metrobús y los taxis casi no circulan por ahí porque solo sirve un carril.
Por la noche, pediré aventón para regresar a mis rumbos y acudir peatonalmente al estreno teatral de un amigo al cual no le puedo fallar. Ya por ahí de las 10.30 de la noche, veré como vuelvo. Puede que contrate a 8 matones que me acompañen a recorrer las 9 calles que me separan del teatro en ésta colonia sin ley.

Antes solía caminar y disfrutar el barrio, pero ahora hay muchos malandrines sueltos que te levantan la falda, o te asaltan o te disparan a cualquier hora, por eso las autoridades capitalinas han dicho que vivir en ésta bella y tradicional colonia es igual de peligroso que estar en plena franja de Gaza.
Soy una buena ciudadana, así que aceptaré con alegría las ensartadas que nos den. Pero sigo sin entender qué provoca tanta contaminación. Porque dicen que no son los camiones, ni los microbuses ni las fábricas ni los aviones porque usan diesel o combustibles no contaminantes. Que los culpables son los coches nuevos o viejos, por la gasolina. Pero en Semana Santa, por ejemplo, no había coches y la calidad del aire era malísima. Ya no te digo nuestro pobre sistema respiratorio y cardiovascular cómo estaba. Es más, yo digo que hay hasta sustancias cancerígenas flotando. Pero eso nadie lo dice. Nadie.
Pero bueno, si la culpa la tiene la gasolina. ¡Culpable soy yo! Es que en la gasolinera de mi colonia (muy peligrosa), hicieron una rifa y mientras más recargas hacías te daban boletos para ganar ¡un auto! Obvio, me la pasé echándole gasolina al coche –misma que gastaba dando vueltas para volverlo a llenar-. Como imaginarán, no me gané el auto nuevo y ahora no circulo los miércoles. Y aquí estoy. Peatona.
Por otro lado, si las autoridades dicen la verdad, a lo mejor somos nosotros –los humanos de la zona metropolitana- los contaminantes. ¡22 millones de contaminantes! Incluídos hombres, mujeres, niños, ancianos y perros (que son muy bonitos, pero aportan cerros de partículas mortales).
Por supuesto, no todo es malo. Siempre he querido usar máscara para salir a la calle como los chinos y tal vez ha llegado el momento de hacerlo.
Aparte, se me acaba de ocurrir un gran idea para crecer a nivel profesional y dar un gran golpe económico (porque la vida de las personas que salen en tele es muy incierta y los putos millennials y sus dispositivos móviles nos están haciendo trizas).
Voy a vender aire embotellado y con ese negocio alterno ‘tan lleno de vida’ me voy a forrar.  Todavía no sé si importaré el aire de las montañas canadienses o de Finlandia, pero habrá envases de varios tamaños, como los de agua.
Bueno, esta impresionante empresa es a mediano plazo. Mientras tanto, a seguirle. O sea ¡a respirar veneno!

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Periodista de espectáculos, conductora de televisión, autora del libro Calladita me veo más bonita. Conductora del segmento de espectáculos del programa Hoy en Televisa.

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