El Factor Figueroa: Gorda antigua

A veces aprendes de la vida y de los seres humanos en los lugares más insospechados.

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No quiero desilusionar a nadie, pero estoy un poco flácida. A lo mejor alguien tiene la fantasía de que estoy buenísima y se frota con mi foto. Pero no.

Y acabo de llegar a esa conclusión formada en la fila del súper. Volteo para acá y un par de argentinas gigantes con la carne pegada al hueso. Miro para allá y unos hombres muy en forma y súper depilados recién salidos del gym.
Dice mi doctor –que es muy perspicaz- que soy el resultado ‘de lo que como y lo que me muevo’ y no pienso contradecirlo. Pero, estaba leyendo que si pesas 100 kilos en la Tierra, pesarías 16.6 en la Luna, 6.7 en Plutón y 253 en Júpiter. ¿Será que nos equivocamos de planeta?

Antes me encantaba ir al súper, porque lo sentía como un segundo hogar (porque hay alegrías en todas direcciones), ahora es un sitio raro y hostil. Parece una biblioteca pública, te encuentras personas estacionadas en los pasillos con cara de terror, leyendo las etiquetas de t-o-d-o-s los productos. Y con eso de que está lleno de extranjeros, algunos traen hasta diccionario para descifrar lo que se van a comer… ¡Calculan las calorías del brócoli!

El otro día me sentí discriminada, excluida y tratada como inferior porque lo que traía en las manos era diferente. Me veían con cara de “hazte para allá, no me vayas a contagiar” y todo porque iba a comprar un paquete de tortillas de harina –de la tía Rose- y un queso Oaxaca, para cenar un alimento en peligro de extinción: una pinche quesadilla. Solo le faltó al policía decir “¡Cuidado, aléjense! La sospechosa sostiene un artefacto explosivo…harina…manteca…leche entera…repito, leche entera”.

Sé que los convecinos entran en pánico cuando comparan nuestras canastas y me mal miran porque no comulgo con la doctrina de Quinoa, cero animales y prohibido los lácteos. Pero yo me solidarizo con las nuevas minorías y compro todo lo que los otros no quieren. Digo, para que los productores mexicanos de alimentos normalitos -y ponle que una que otra chuchería o chatarra- no se vayan directo a la ruina. #VivalaCarne #BotanasMexicanas #FuerzaParaEl CreadorDelGansito #ChicharrónMágico #QuieroLeche.

Creo que lo único amable que queda en las grandes tiendas de autoservicio, son las parejas de enamorados mayores que van juntos por la despensa, casi siempre el sábado por la tarde. ¿No son maravillosos? Veo a esas parejas de manos entrelazadas, paso lento y cabecita blanca escoger el frasco de café veracruzano, el pan dulce y los jitomates y me digo “¡el amor existe!”. A veces aprendes de la vida y de los seres humanos en los lugares más insospechados.

El caso es que entre la comida que nos divide a los seres humanos, que no me actualizo a nivel víveres y que el “54” me parece una secta, me siento como una gorda antigua.

Y luego súmale que el último deporte que hice fue el domingo pasado. Es que acostumbro ir a una misa muy movida y entonces cuando llega el momento de cantar “alabaré, alabaré, alabaré, a la ba ré a mi señor”, tienes que levantar los brazos y moverlos de lado a lado. Rítmicamente. Yo para meterle alto impacto –y aumentar la quema de calorías- muevo un poco la cadera y hago flexiones con las piernas mientras entono “Aleluya, aleluya aleluyaaaaa”. No saben qué cansado estuvo.

Y aquí, un aviso parroquial: los que vayan a dicha iglesia, tienen que ir en pants.

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Periodista de espectáculos, conductora de televisión, autora del libro Calladita me veo más bonita. Conductora del segmento de espectáculos del programa Hoy en Televisa.

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