El Factor Figueroa: El cerdo

Qué bonita es la vida cuando sueltas y te das permiso.

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Yo que, últimamente, renegaba tanto de las mujeres –por liosas, complicadas, intensas y aburridas- recibí un mensaje de la vida. El mensaje fue: dales otra oportunidad (posdata: no son tan malas).

Tengo una amiga fantástica que cumplió 60 años. Tal vez a algún lector no le parezca ninguna cosa del otro mundo, pero créanme que después de los 50 la vida se pone muy cabrona y alcanzar cada década cuesta el doble. Bueno, mi amiga se llama Paty y tiene que ver con Dios y con el diablo, se relaciona –y hace mezcla- con mujeres que solo ella podría. Empezando por mí.

Para celebrar, organizó una reunión buenísima en la que desde que llegabas podías comer cosas deliciosas y prohibidas “para señoras de nuestra edad”. Por ejemplo: fruta…¡pero con cacahuates, papitas y chamoy encima! Qué joya. Es que ahora, a mis cercanas les ha dado por la vida saludable y entonces no puedes ni voltear a ver las frituras porque te avientan una letanía. Que si la piel, que si el colesterol, que si el colágeno, que si la digestión, que si las enzimas, que si las arrugas, que si las várices.

Como les confesé, yo estaba un poco harta del género femenino y prefería a los amigos hombres. ¡Dios, qué equivocada estuve! Viendo a éste grupo, recordé que las mujeres son lo máximo. Claro, solo hay que atinarle a las correctas.

En la fiesta había, entre otras, una restauradora de antigüedades y miniaturas, una sanadora y banquera (combinación extraña), una maestra de yoga, una ex modelo impresionante, una practicante de Kabbalah, una comunicadora, unas empresarias, una señora que maneja todo el día (no supe si es chofer o algo así) y yo, su columnista de cabecera, que además teníamos en común ser madres y/o amas de casa 24 horas. Oigan, no saben qué divertido. ¿Han visto la serie “Orange Is The New Black”? Pues igual de variado, solo que fuera de la cárcel (aunque una que otra podría caer en cualquier momento, jajaja).

Fui feliz escuchando las historias y aventuras, porque ahí te das cuenta de que nos parecemos mucho. Es decir, somos súper diferentes pero igualitas. Y con que encuentres algo que te una, lo demás se acomoda.

Mujeres de todos colores, formas y tamaños. Solo había un hombre invitado y a todas nos tranquilizó mucho su presencia porque era cardiólogo y, como habrán calculado, ya estamos de lleno en la edad del patatús y el achaque. Les digo, la vida siempre te manda regalos (aunque no traigan la envoltura que esperas).

La anfitriona es amiga de otra mujer cuya pasión común es que son fans de Celia Cruz. Así de fácil. Me recordaron que una vez fuimos juntas a ver a la cubana, meses antes de su muerte. Fue el último concierto en México –en el Auditorio Nacional- y fue una maravilla. Como pudimos nos colamos hasta el camerino donde todo era alegría y felicidad ¡hasta que la mismísima Celia nos corrió! porque estaba de malas y mis pobres amigas fanáticas se quedaron sin foto del recuerdo. Bueno, nos tomamos una cuando íbamos caminando –casi escoltadas- hacia la puerta. Nos paramos muy sonrientes señalando a Celia Cruz con cara de fuchi atrás de nosotras y nos salimos coreando “ay, no hay que llorar, que la vida es un carnaval y las penas se van cantando”.

Volviendo a la comida, Paty cocinó para nosotras “con quien tiene lazos súper especiales” un pozole increíble que me hizo prometer comer ese manjar más seguido. ¿Por qué nos privamos de tal gloria bendita? Ya sé, porque tiene no sé cuántas calorías pero ¡qué importa! Y fue ahí donde empezaron a surgir las diferencias entre nosotras: las que comen cerdo, las que comen pollo y las que no comen nada, solo caldito. No necesito decirles a cuál categoría pertenezco ¿verdad?

Me acordé de una frase buenísima que dice que “el sexo es como el pozole: mientras más cerdo, mejor”. Pues así. Otra lección de vida.

Cuando el ambiente se puso tenso, por el vegetarianismo y el chile piquín (así somos a veces, cualquier cosa te hace intensear) una de las invitadas se levantó la ropa y enseñó los ‘piercings’ en los pezones y rompió el hielo. Luego nos confesó que también tiene en la lengua y el clítoris. Estaban todas tan contentas que pensé que tal vez me ponga unos. No sé, se me ocurre que podía darle una gran alegría a mi persona favorita.

En eso pensaba, mientras comía de postre un pastel de chocolate. Ay, qué bonita es la vida cuando sueltas y te das permiso.

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6 COMENTARIOS

  1. PUES LA NETA SE ME HIZO ABURRIDA TU NOTA MARTUCHIS, COMO QUE HOY NO LLEGASTE A NADA EN CONCRETO… PUES COMO QUE LA HICISTE AL AVENTON MANA… Y MIRA QUE SOY TU FAN.

  2. Hola Martha como describes la fiesta se antoja por el ambiente que describes muy interesante y divertido ,.
    ya nos contaras cuantos ‘piercings’ te pusiste
    Felicidades

    Saludos

  3. Que bárbara:el sexo es como el pozoles, entre mas cerdo mejor!! Buenísima jajajaja no paro de reír y si hay que soltar, pero lo hice y que crees? Directo al doctor jajajaja creo que solte de más, que tengas una excelente semana ?

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