El factor Figueroa: ¿Celular o Ouija?

Si me notan un poco nerviosa, es que estoy impactada por la nueva película de Alex de la Iglesia

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Si no saben quién es no importa, es un director español muy simpático. Lo importante es que se llama Perfectos desconocidos y me dio más miedo que El Exorcista, porque muestra como los celulares destruyen vidas, sí lectores queridos, destruyen parejas, amistades y todo.

La película se trata de una cena de amigos (hay 3 parejas y un soltero) donde juegan a dejar todos los celulares en la mesa, para checar quién tiene algún secreto o quién oculta algo. Aquí la primera pregunta ¿ustedes le entrarían?

Ahí en la mesa, entre la ensalada y las copas de vino, acomodan todos los teléfonos y cada vez que suena, recibe mensaje o alguna notificación, todos lo checan en voz alta o ponen el ‘speaker’. Nada más les digo que el ‘jueguito’ termina en tragedión porque es como si destaparan la coladera y sale de todo: uno es gay y no había confesado, otra está loca, otro es pederasta y los demás son infieles.

A lo que voy es, como en ese pequeño aparatejo tenemos gran parte de nuestra vida y, claro, cuando te lo roban, te quieres matar. El otro día me robaron el celular y en ese minuto ví el túnel (jajajajaja por favor no se rían). En serio, me imaginé al ratero con mi existencia completa en sus manos. Pensé “el maldito ladrón ya vio mis fotos, ya tiene las direcciones, caras y teléfonos de mis contactos, ya vio los estados de cuenta, ya entró al ‘chat’ del programa y ¡lo sabe todo! (los chismes internos y mis próximas notas exclusivas…¡se las va a vender a una revista!), ya leyó mis conversaciones románticas y ya sabe a quién le mande los últimos 225 correos, ya se enteró con quién anda mi amiga (seguro leyó lo que me presumió hoy en la mañana), ya vió a quien se ‘almorzó’ mi amigo que me mandó la foto de la susodicha, ya ‘desmenuzó’ mi Uber, va a  ‘whatsappear’, ‘instagramear’ y ‘twittear’ por mí. ¡Noooo!

Me dio taquicardia y eso que soy de las que guardan la menor información posible. Primero, por lo mismo (amo ésa frase) y luego, porque tengo un dispositivo tan chafa que tengo que borrarlo todos los días para poderlo usar. O sea, hay que quitar el Uber para instalar el instagram y subir una foto, o borrar todas las conversaciones de whats para poder tomar 3 fotos (¡ja! sí, es una porquería), o desactivar todas las aplicaciones para activar la comida a domicilio. Y además, -deveras, deveritas-, soy fiel.

Aún así, se me congeló la sangre cuando desapareció mi estúpido celular inteligente. Porque deja tú los secretos, ¡la información básica ‘decente’!

¿Ustedes cómo andan de la conciencia y la regaladera de información? Por fortuna, y porque Dios me quiere, el teléfono apareció intacto porque nadie me lo robó, yo solita lo perdí y luego lo encontré. ¡Que maldito susto! Es que ya se me olvidan unas cosas y no me acordé que lo puse en el escondite secreto, no recuerdo para qué.

La moraleja es: ¡aguas con lo que guardamos en el teléfono! No es una bóveda, no es una caja fuerte, no es un camión blindado, tampoco es el confesionario, no es nuestra pareja ni sustituye a nuestro cerebro. Es solo un invento maravilloso que mal usado se convierte en la Ouija.

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Periodista de espectáculos, conductora de televisión, autora del libro Calladita me veo más bonita. Conductora del segmento de espectáculos del programa Hoy en Televisa.

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