martha figueroa

El Factor Figueroa: Beber o no beber

Estoy en un dilema, siento que mi sobriedad avergüenza a los demás

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Estoy pensando -seriamente- en comenzar a beber.

¿Qué me recomiendan? Acabo de echar un vistazo en mi casa y encontré mezcal, cuatro botellas de vino, ron, unas champañas que me regaló mi ex jefe cuando nos queríamos, whisky y un licor cremoso que fabrica Lola la Trailera.

No sé si empezar poco a poco con unas mimosas o irme directamente a los shots con bebida energizante para ser moderna.

La decisión que he tomado -de arrojarme a los brazos del alcoholismo- se debe a que he perdido la tolerancia que tenía con mis amigos borrachos y siento que mi sobriedad los avergüenza y preocupa. Claro, es que dicen los expertos que a mayor vejez, más intolerancia. Y la verdad, no quiero perder amistades ahora que soy tan feliz.

Las alarmas saltaron este fin de semana cuando nos invitaron a una fiesta de vinos en Guanajuato, que me encantó. No entendí si estabamos exactamente en Silao o entre León y Guanajuato, pero frente a nosotros estaba el Cristo del Cubilete que es una maravilla.

Bueno, digamos que era una extensión de tierra muy grande (viñedos por aquí y viñedos por acá), pura alegría, con cara de uva.

Nunca había estado en una ‘cata’ porque soy de esas personas a las que les da igual si el vino tiene buen cuerpo, si el corcho huele rico o lleva mil años en las barricas. Pero me dije “siempre se aprende algo nuevo” y allá voy. Nos sentaron en una mesa larguísima y probamos diferentes tipos de vino y cortes de carne en términos variados, que si bien hecha, que si medio cruda, para saber cuál combinación era la mejor: el maridaje, que le llaman.

Me gustaría compartirles más información, pero no puedo porque ¡terminé tomando refresco de cola! (que es lo que me encanta, viva el azúcar). Es que de tanto probar y con tanta curva del camino, se me bajó la presión y tuvieron que venir los paramédicos (¡Dios, qué pena!). Por fortuna, me dieron de alta de inmediato y nadie noto mi mal semblante. Es lo bueno de ser ‘medio bonita de look estándar’, te ves igual siempre.

Mis amigos más cercanos se hicieron íntimos en cuestión de minutos de algunas personas que nos presentaron en el evento, gracias al intercambio alcohólico. Yo, para no quedarme atrás, intenté estrechar lazos compartiendo un ate con queso fantástico, pero no logré el mismo efecto.

Por favor, alguien explíquenme ¿qué es eso tan interesante que tiene el alcohol y sus criaturas? Francamente, no le hallo.

Mientras corrían los mezcales, las carcajadas se desbordaban y luego, empezaron los llantos. Una mujer –nueva amistad- se pasó de cucharadas y empezó a coquetearle a toda la mesa, para ver quién caía en la red. Otra, azotó. Uno más, se puso a llorar. Mi consentido, se reía y cantaba. Yo, me divertía y luego, me aburrí como ostra con los desfiguros. Aunque, para ellos, la absurda era yo.

Por eso, debo corregir el rumbo y apreciar la vida plena que el alcohol ofrece a sus consumidores. Tal vez necesito el desparpajo, la facilidad de palabra, la relajación y el sentido del humor que te inyecta en la sangre.

Eso sí, mientras nos poníamos de acuerdo sobre mi futuro etílico, hice nexos con personajes del mundo sobrio. Como el famoso “Bronco”, el gobernador de Nuevo León y, dicen, futuro candidato independiente a la presidencia. Eramos dos bichos raros en la vendimia, que es el paraíso de los bebedores. Lo único que nos tomamos fue una foto (jajaja ¡par de aburridos!) y le hice prometer que pronto me invitaría a Monterrey. No sé cuándo ni para qué, pero se me ocurrió como tema de conversación.

Les digo, necesito espabilarme.

¡Felices vacaciones, lectores queridos!

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