El Factor Figueroa: Aterrizaje

¿Que harías si te quedaran 3 horas de vida?

Compartir

Me presentaron con muchos adjetivos. Que si inteligente, que si original, que si valiente, que si desenfadada, que si divertida, que si “es un placer presentar a ¡Maaaartha Figueroaaaaa!” y la gente aplaudió muchísimo. Uy, yo me sentía la última cerveza fría en el desierto.

Gracias a la buena voluntad de un nutrido grupo de lectores, la presentación de mi libro “Calladita me veo más Bonita” en la Universidad Autónoma de Baja California fue todo un éxito. Así que después de llenarme de comida china y tacos de carne asada, emprendí el regreso del viaje relámpago.

Lee: El desierto de Gael

Y ahí venía yo, oronda, llena de poder (jajaja) rumbo a la CDMX cuando el avión recorrió a toda velocidad la pista, despegó, pero no se elevó. Digamos que se quedó a ‘baja altura’ (¿está bien dicho eso?) y empezó a dar círculos. Cuando pensé que algo andaba mal, lo primero que hice fue voltear hacia los otros pasajeros para checar reacciones, pero la mayoría ya estaban dormidos o hipnotizados con cara de ‘Galatea’ en sus teléfonos inteligentes (en modo ‘vuelo’).

Pues yo, que soy una alma sensible, sentí que se me salía el corazón hasta que una voz desde la cabina de pilotos informó que “el tren de aterrizaje no sube…estamos siguiendo el protocolo y sobrevolamos la estación” (efectivamente, debajo estaba el aeropuerto de Mexicali con sus cactus y sus perros anti-drogas).

¡¿Qué?! A mí, por supuesto, el anunció me sonó a “¡nos vamos a morir!” y desde ese minuto perdí la paz. Así que puse también en marcha mi ‘protocolo personal’ para desastres aéreos o emergencias de diversos tipos y recé todo lo que me sabía dedicado a dioses, vírgenes y santos locales y extranjeros.

Lee: Humanos contaminantes

Después de un rato, ‘la voz’ soltó un escueto “el tren ya subió, continuaremos en la ruta…” y el avión se elevó.

Claro, donde alguien normal hubiera gozado porque estábamos a salvo, yo –la columnista cuya mente es un infierno- sufría analizando las teorías de Newton y me preguntaba si el tren que subió bajaría más tarde.

Debo confesar que fueron las 3 horas más largas de mi vida y como mis desgracias suelen ser surrealistas, tienen que saber que la película que pusieron a bordo como entretenimiento fue The Martian, esa cinta en la que Matt Damon es un astronauta en plena misión y sus compañeros lo abandonan en Marte. Y ahí estábamos, compartiendo nuestro futuro incierto en la atmósfera.

Lee: Resurección

¿Que harías si te quedaran 3 horas de vida? Pues a mí se me ocurrieron muchas cosas, pero el lugar limitaba las opciones. Luego pensé en escribir una especie de bitácora para que la leyeran entre los restos del avión, pero sentí que era de mala suerte (¡ay nanita, mejor no!).

Así que reflexioné sobre mi vida, escuché por última vez las canciones que más me gustan, repasé con nostalgia mis fotos favoritas y traté de comunicarme telepáticamente con mi novio y mi hijo para despedirme. Y mientras yo les decía cosas preciosas a los míos –con el poder de la mente, en plan Taurus Do Brasil- los otros pasajeros iban agobiadísimos por el rescate de Matt Damon y decían perlas como “no chingues ca…¡no la va a armar!”. Insensibles. Desperdiciados. Están viendo la tempestad y no se hincan.

Hubo un momento en que intenté buscar compañía para no morir sola, pero la única cara conocida en la cabina era la de Lupita Jones, la ex Miss Universo, que me odia. Ahí fue cuando pensé “hija, te vas a tener que abrazar sola, porque la reina de belleza es rencorosa y no va a querer unir su rictus al tuyo”.

Lee: Mafia Italiana

Cuando el piloto comunicó que íbamos a descender, pedí perdón por casi todos mis pecados. Yo rogaba porque el tren de aterrizaje bajara y mis compañeros suplicaban junto a Jessica Chastain que la cápsula de Matt tocara base sin explotar. Sí, hay gente que no se entera de lo que está pasando enfrente de sus narices.

Mi nivel de comprensión aeronáutico es bastante aceptable, así que me di cuenta que el avión no bajaba, sino daba círculos (¡otra vez!) entre las nubes súper espesas, que seguramente son las que no permiten que se vayan los contaminantes. Moribunda, moribunda, pero me fijo en todo.

El caso es que para mi sorpresa, cuando en las pantallas Matt Damon tocó tierra y el presidente de los Estados Unidos aplaudía emocionado, nuestro avión atravesó la barrera de los diez mil pies y un rato después aterrizamos sin contratiempos -rasgando la polución que de cerquita se ve peor-.

Internamente hice una gran celebración de regreso a la vida y lloré por dentro del susto. Por fuera, muy ‘cool’ encendí el teléfono y revisé los mensajes con cara de moderna.
Queridos lectores…¡Volví! Y a esto le llamo felicidad.

¿Te gustó esta nota? Califícala

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (11 votes, average: 4.82 out of 5)
Loading...
Compartir
mm
Periodista de espectáculos, conductora de televisión, autora del libro Calladita me veo más bonita. Conductora del segmento de espectáculos del programa Hoy en Televisa.

6 COMENTARIOS

  1. Martha, que maravilla leerte de nuevo. Siempre eres divertidísima, original, ocurrente Excelente periodista y mejor escritora!!!!

  2. Afortunadamente lograste tocar tierra, pero, a poco no es encantador el hecho de que todo va pasando muy parecido a la película? Saludos Martha desde Mexicali.

  3. me encanta Martha que bueno que ya esta de regreso en TV no me la pierdo muy buena mancuerna con Origel Felicidades

Dejar una respuesta